miércoles, 28 de noviembre de 2012

El caos, las tinieblas y la mujer (Breve análisis de la Introducción del libro “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir)


Preliminar: Este texto lo difundo con autorización de la profesora Olga Vásquez (UCA) para los estudiantes de la asignatura Análisis de textos filosóficos como un modelo para el abordaje de sus textos.
 
I. Primer acercamiento contextual: Dedicatoria, epígrafes y nota

La escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir no pierde siquiera un espacio en el texto introductorio del libro “El segundo sexo. Los hechos y los mitos” (1949) para ubicarnos en la problemática que desarrollará a lo largo del texto. Desde la dedicatoria, los epígrafes y denominada “nota”, de Beauvoir deja entrever cuál será su mapa de redacción.

Si bien para muchos analistas de textos, desde diversas disciplinas, el contexto inmediato del texto lo comprenden sólo las características formales inmediatas que acompañan el texto analizado (“cotexto” en gramática), es necesario diversificar minuciosamente estos componentes para echar luces desde el contexto inmediato (cotexto) hasta el contexto general del texto, lo cual nos permitirá “echar” luces sobre el texto analizado.

Por tal razón, la dedicatoria y los epígrafes no pueden pasar desapercibidos pues éstos aportan elementos del contexto que nos ayudan a entender la propuesta general de la escritora. En el caso de la dedicatoria, ésta merece una breve mención. De Beauvoir dedica el libro que desarrollará al periodista y escritor francés Jacques-Laurent Bost, señalado por algunos como el responsable del título de la obra, además de amante de la propia escritora y amigo en común de su pareja de toda la vida, el filósofo francés Jean Paul Sartre. La referencia a Bost no señala otra clave que no sea la discusión que junto a él y seguramente Sartre tuvo De Beauvior para concebir lo que sería “El segundo sexo”, un libro por demás polémico y provocativo, pero rodeado de esa aura de discusión intelectual de la Francia inmediata a la postguerra y en el que las mujeres y los movimientos feministas, renovados con el triunfo de los aliados sobre la amenaza nazi, requerían nuevas claves teóricas para emprender una nueva discusión sobre el papel de la mujer en ese momento histórico. De hecho, el libro es en respuesta a una propuesta que le hace el propio Sartre a la escritora a partir de la pregunta “¿Qué significa ser mujer?”.
        
Los epígrafes, fundamentalmente, aportan las claves generales de la redacción no sólo del libro, sino también de la propia introducción. Detengámonos un momento en el primer epígrafe, escrito por el filósofo y matemático griego Pitágoras de Samos (580 a. C.–495 a. C.): “Existe un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”. En el análisis crítico del discurso (Van Dijk, 1998), los productores textuales construyen el carácter ideológico de los grupos sociales asociándolos con otros grupos o elementos. En otras palabras, los escritores “disponen” estratégicamente esos grupos de relación a un determinado actor social para construir su identidad ideológica. En esa confrontación ideológica “ellos-nosotros” (que también explotará Simone De Beauvior en el cuerpo del texto analizado) se nota claramente contra quién y contra qué irá la escritora francesa en su libro: contra la cultura occidental (nacida en la Grecia esplendorosa) que ha “colocado” a la mujer en ese grupo socio-cultural de “el caos y las tinieblas”, sometiéndolas al de “el orden y la luz” asociado desde la antigüedad al hombre.

Una vez colocado el epígrafe de Pitágoras, en el que la mujer tenebrosa y caótica se somete al orden y claridad del hombre dominante de la cultura occidental, de inmediato nos propone un epígrafe del escritor y filósofo francés François Poulain de la Barre (1647-1723) uno de los precursores de los movimientos de hombres pro-feministas. Dice de la Barre: “Todo lo escrito sobre las mujeres por los hombres debe ser sometido a sospecha, ya que son a la vez juez y parte”. No cabe duda que De Beauvoir, en la colocación comparativa de ambos epígrafes, ya comienza a desarrollar su estrategia argumentativa general, el aparato retórico que funcionará cabalmente a lo largo del texto.

El resultado argumentativo nos señala que a pesar de que nuestra cultura occidental ha asociado a la mujer al caos y la oscuridad y por esa razón ha tenido que someterse por siglos al hombre, quien detenta la capacidad del orden y el conocimiento, toda esta construcción ha sido hecha por los propios hombres, de los cuales, por supuesto, debemos desconfiar porque además de haber hecho tal “orden” ha sido juez y parte y, por lo tanto, ello lo descalifica. Sobre eso, la escritora francesa levantará su propuesta argumentativa que transversará el resto del texto.

También es fácil deducir, a partir de los epígrafes, el tenor filosófico que tendrá el texto. La colocación de Pitágoras y Poulain de la Barre, como referencias previas, además del carácter argumentativo que nos presenta en un principio, también nos asoma qué nos espera: un diálogo de posturas filosóficas antagónicas sobre la mujer en el mundo occidental caracterizado por la postura dominante del hombre.

Por último, en este primer apartado, es necesario comentar la “Nota” que coloca Simone de Beauvoir, antes del inicio de la introducción. En análisis de textos, desde la perspectiva pragmática, es sumamente importante las denominadas deixis temporales, pues éstas, como elementos gramaticales que dan cuenta del tiempo, ofrecen coordenadas necesarias para entender el contexto temporal del texto analizado. Los analistas se esmeran en encontrar, clasificar y explicar elementos discursivos tan simples como “ahora”, “recientemente” y sobre todo fechas, para entender globalmente aquello que analiza.

La escritora francesa nos ofrece, antes de la lectura, las coordenadas temporales de redacción de su texto, para ahorrarles el trabajo a los lectores y a los investigadores. De manera estratégica, con lo cual además demuestra su conocimiento del arte y la técnica de la escritura, De Beauvoir nos dice que el texto fue escrito entre 1948 y 1949 y que cuando en él utiliza deixis temporales se refiere a ese período. Asimismo, nos explica que las referencias que pondrá en la construcción de su trabajo serán de trabajos realizados antes de la fecha de la publicación original del texto (1949). Esto nos ofrece una exactitud temporal del contexto de enunciación (producción original del texto) que facilita la comprensión a lectores e investigadores.

Como dijimos anteriormente, año 1949, período de la postguerra, de reconstrucción social e industrial de los Estados Unidos bajo la presidencia de Harry Truman, pero también un año convulsionado por la partición de Alemania en dos con lo que se funda la división cultural más evidente entre oriente y occidente y que intensifica la denominada Guerra Fría; año en el que las tropas revolucionarias chinas ocupan Beijing para que en octubre se proclame China como República Popular y asuma Mao Zedong. Pero también, la época del París intelectual y muy activo en la producción de conocimiento en ciencias sociales. En definitiva, una intelectualidad, como la que es parte Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Jacques Bost, que busca dar explicación a un mundo que en paz “relativa” no ha dejado de convulsionarse por el reacomodo geopolítico global, y donde es fundamental repensar a la mujer y su “sitio” en ese momento fundamental para la historia contemporánea occidental.

Vemos entonces como antes de comenzar la propia lectura del texto, los aportes contextuales de los primeros elementos analizados nos brindan herramientas para entenderlo, en definitiva, para analizarlo con propiedad.

II. Elementos de la estructura externa

Antes de emprender la exposición del esquema básico del texto o de la organización de su contenido es necesario, luego del brevísimo análisis de los elementos contextuales hechos en el apartado anterior, explicar la estructura “externa” del escrito. Llamamos estructura externa los componentes pragmáticos que conforman el enunciado. Ya algunos los hemos asomado en el punto I de este trabajo, pero para seguir el método de análisis pragmático-discursivo, es clave explicar algunas características del texto como un enunciado específico que, al tenerlas en cuenta, contribuyen también tanto a su análisis como a su comprensión.

Por ejemplo, es fundamental entender que el texto a analizar, como tipología textual, es una introducción. Por lo tanto, tiene funciones específicas en un contexto textual mayor, que es el libro “El segundo sexo” completo. Fundamentalmente, las introducciones, como su nombre lo indica, introducen al lector en los temas y tópicos que se abordarán a lo largo del libro. Debemos tener en cuenta que las diez (10) páginas que analizamos para este trabajo presentan preliminarmente lo que se abordará en profundidad en el texto mayor, que según diversas ediciones supera las mil páginas.

La tipología textual “Introducción” nos brinda las claves teóricas que nos ayudará a entender el texto mayor al que nos introduce. Siendo un reto teórico-filosófico para la escritora, por el hecho de responder a una pregunta esencial como ¿Qué es ser mujer?, el texto presenta diversas nociones filosóficas de gran relevancia como Conceptualismo, Nominalismo, Alteridad, entre otras, sin cuyo manejo será difícil emprender no sólo la lectura de la introducción, sino fundamentalmente del libro completo.

También forma parte de esa estructura externa un elemento pragmático fundamental como lo es el título de la obra. Tal como analizamos brevemente los epígrafes, la dedicatoria y la llamada “Nota”, es pertinente detenerse un segundo en el título: “El segundo sexo. Los hechos y los mitos”. En primer lugar, de Beauvoir coloca a la mujer en el lugar de donde quiere sacarla. Ella, la mujer, está allí producto de aquello que comentamos en el apartado anterior: una cultura occidental que la supedita como producto del mal y el caos, al orden y las luces del hombre. Por ello, ese “segundo lugar” en la escala o ranking sexual del género humano. Asimismo, una vez más, volvemos a ver pistas de su aparato retórico. El subtítulo nos sugiere que esa construcción “hombre” ha sido supeditada por “hechos”, los cuales comentará, pero sobre todo “mitos”, es decir, por historias iniciáticas pero sin un fundamento en la realidad real, pero que a partir de ella se construye de manera legítima la historia oficial. Así busca “desmontar” ese aparato cultural que por siglos ha sometido a la mujer.

Antes de terminar este apartado es clave conocer el modo de organización discursiva del texto que analizamos. Muchas veces, los malos análisis textuales sólo abordan el contenido sin ver de qué modo estuvo dispuesto u organizado. Ello es fundamental porque, desde el Análisis del Discurso, el modo de organización discursiva da cuenta de la intencionalidad del productor textual, algo que en la mayoría de los casos no está “inscrito” en los textos, pero que puede inferirse a partir del modo en el que está redactado. Esto se refiere básicamente a si es un texto narrativo, argumentativo, expositivo, dialogado. La introducción del texto es argumentativa pues busca convencer, persuadir, mover a los lectores a una postura acerca del tema.

Por último, el lugar de la enunciación. Cuando un texto es argumentativo es estratégico, de acuerdo a la prominencia o reconocimiento social de quien escribe hacerlo en primera persona. Simone de Beauvoir escribe “El segundo sexo” desde la primera persona. La escritora no se oculta o se desvanece tras el velo estratégico también para algunos de la tercera persona. Ella asume íntegramente la responsabilidad de lo que escribe y el desarrollo teórico-filosófico que emprende. De hecho, de Beauvoir lo textualiza tal cual en el texto analizado: “Si quiero definirme, estoy obligada antes que nada a declarar: “Soy mujer” (p.3).
        
III. Organización del contenido. Principales ideas del texto

Una vez definidos elementos contextuales y elementos de la estructura externa inmediata al texto, emprendemos brevemente el esquema básico del texto. La introducción del libro “El segundo sexo. Hechos y mitos” de Simone de Beauvoir consta de 17 párrafos sin intertítulos, lo cual sugiere la brevedad de su extensión, pero también la lectura breve que ello implica.

A. Párrafo I. Estado del arte sobre la cuestión. Aquí la escritora emprende un recorrido crítico por la discusión pública en torno a la mujer y lo femenino. Se pregunta ¿Dónde están las mujeres? y ¿Qué es una mujer? Asimismo, alerta sobre el peligro de la “feminidad” y enuncia como ha sido descrito dicho término desde algunos paradigmas teóricos. Aquí es importante la noción desde el conceptualismo y las ciencias sociales; algo que hará in extenso en las primeras páginas del libro.

B. Párrafo II. La noción de la mujer como ser humano es abstracta. En este breve párrafo la filósofa echa mano de otro paradigma: el nominalismo. Y advierte que este se queda corto también para demostrar qué es una mujer debido a su carácter abstracto del mismo (eterno femenino), ya que en la realidad, como en los casos referidos en el párrafo, la noción de mujer está ligada a su situación (ser situado).

C. Párrafo III. Los hombres y las mujeres en esta situación son diferentes. Aquí, de Beauvoir deja claro la existencia de dos categorías de individuos diferenciados en apariencia, la cual podría desaparecer.

D. Párrafo IV. Replantear la pregunta: ¿Qué es una mujer? Ante la imposibilidad de definir a la mujer desde el nominalismo y la situación específica, así como dada la evidencia de su existencia diferenciada, la escritora replantea la pregunta.

E. Párrafo V. La obligación de la mujer a identificarse ante la no-obligación del hombre. En este extenso párrafo, la escritora francesa describe en detalle la obligación de la mujer de identificarse como tal, ante la total ausencia de obligación del hombre de dejar claro quién o qué es. Ello debido a la dominación cultural occidental masculina, en la que la diferencia es ser mujer y lo normal-invisible es ser hombre. Por tal razón, de Beauvoir arranca de la asumisión personal de su condición de mujer, verdad de la cual “se extraerán todas las demás afirmaciones”.

D. Párrafos VI y VII. “Ellos y nosotras”. La alteridad y la otredad en Simone de Beauvoir. Estos párrafos son claves para entender la propuesta teórica de la filósofa francesa. La otredad, la alteridad y el dualismo son fundamentales para llegar a la definición buscada de ¿Qué es ser mujer? A pesar de que los mitos iniciáticos de la cultura son duales nunca estuvieron asociados con la dualidad hombre-mujer. Y a pesar de ser duales, juntos conformaban un “nosotros”. La escritora advierte que no ha sido así con la relación hombre-mujer. Ha sido una invención humana y masculina el insistir en una distinción estática de la mujer frente al hombre, “negativa-ella ante positivo-él”, lo cual produce su sumisión. Aduce que una categoría domina a otra, incluso siendo ésta una mayoría (las mujeres). Concluye que no es posible, a pesar de esa dominación una escisión en la sociedad por sexos, a pesar de que la mujer siempre será “Lo otro” y no parte del “Nosotros” de la sociedad en su conjunto. Aquí ronda un término clave que es el “mitsein” que se traduce como el ser con los otros, es decir, la construcción de nuestro ser a partir de nuestra posición con los otros, muy vinculado a la “alteridad”.

E. Párrafo VIII. Hombres y mujeres no son iguales. A pesar de la “necesidad biológica” y el “deseo de posteridad” del macho, éste depende de la hembra, pero no favorece su emancipación. Simone de Beauvoir compara la relación amo-esclavo con la de macho-hembra, para explicar porqué no ha sido posible la emancipación de la mujer en contraste a la paulatina y lenta emancipación de los explotados. Ello, porque los débiles siempre han sido “diferentes”, en cambio la mujer ni siquiera se le ha reconocido su igualdad o su diferencia, en un mundo que pertenece a los hombres y en el que ambos económicamente constituyen dos castas distintas, lo cual imposibilita el despliegue de su otredad.

F. Párrafo IX. El comienzo de la historia. Como buena escritora crítica, la autora se percata de que es necesaria darle un contexto histórico a sus planteamientos y emprende desde este párrafo dicha tarea. Sin embargo, lo hace con la esperanza de que en el año de su planteamiento, 1949, las cosas están cambiando. “De dónde proviene que ese mundo siempre haya pertenecido a los hombre y que solamente hoy empiecen a cambiar las cosas” (p. 6).

G. Párrafo X. Hombres: creadores de la historia. Aquí Simone de Beauvoir rescata el segundo epígrafe del comienzo del libro, del feminista francés Poulain de la Barre, para explicar que han sido los hombres, desde el nacimiento de la cultura occidental (recordemos a Pitágoras), quienes han escrito una historia que fundamenta y legitima el mundo de dominación masculina sobre la mujer.

H. Párrafo XI. Miedo a la emancipación de la mujer. Enumera la escritora los temores de la burguesía conservadora ante los avances de las mujeres, fundamentalmente “la competencia”. Es decir, la inminente igualdad que poco a poco logran las mujeres no sólo en el campo económico y profesional, sino también intelectual.

I. Párrafo XII. La mujer como instrumento para la reafirmación masculina. A partir del párrafo anterior, Simone de Beauvoir indica que el temor a la mujer por su inminente avance en las igualdades, ha provocado que los hombres las utilicen como instrumento de reafirmación de su condición masculina.

J. Párrafo XIII. Mujer reclama igualdad sin igualdad. La filósofa francesa reflexiona sobre lo complejo de exigir igualdad en una sociedad dominada culturalmente por los hombres. Ello causa confusión en los hombres pero también en las mujeres. Recibir igualdad de una sociedad desigual no es la meta.

K. Párrafo XIV. Desconfianza a algunos argumentos feministas. Critica la autora considerar el problema como un “asunto de mujeres” pues lo reduce a una disputa sin diálogo o razonamiento. Algo importante en su argumentación: el diálogo.

L. Párrafo XV. ¿Dónde está el ángel? Para la autora, tanto los hombres como las mujeres son juez y parte en la cuestión planteada. Sin embargo y por supuesto, apuesta por las mujeres pues son éstas las que mejor conocen la feminidad porque son raíz y producto de ella. No obstante, hace una advertencia, como al inicio, de la mala producción intelectual que hay sobre la cuestión y presenta el libro como una nueva propuesta para la discusión.

LL. Párrafo XVI. Hay que tomar partido. De Beauvoir invita a las mujeres, a pesar de la advertencia previa, a tomar partido pero desde la visión de que el problema es sobre el ser humano en general. Por ello, plantea una perspectiva especial que es la moral existencialista. Y aquí asoma dos temas que serán claves en el desarrollo total del libro: la trascendencia y la inmanencia. Aquí se evidencia la influencia de Sartre y del existencialismo en general en la propuesta de Simone de Beauvoir y especialmente en ese libro, fundamental para el pensamiento occidental, no sólo feminista.

M. Párrafo XVII. Vista rápida al libro. Por último y luego de planteado el asunto fundamental desde el punto de vista filosófico existencial (trascendencia y inmanencia) la autora nos presenta un breve panorama (como buena introducción) de lo que será la estructura del libro y como están organizados los temas.

IV. Significados de los términos-clave

Como dijimos en un apartado anterior, la introducción al libro “El segundo sexo. Hechos y mitos”, escrita por la filósofa francesa Simone de Beauvoir, nos presenta los términos filosóficos que serán clave para entender la obra en su totalidad. A pesar de las referencias iniciales al nominalismo, el conceptualismo, entre otros, son claves para entender este texto específico y el libro en general, como alteridad, mitsein, existencialismo, trascendencia e inmanencia.

Lo dividiré brevemente en dos grupos y los intentaré explicar desde el contexto de la obra y autor.

a. Alteridad y mitsein. Históricamente no se ha respondido bien a la pregunta ¿Qué es la mujer? Ello debido a que ésta debe identificarse como una otredad que se despliega o que construye su esencia a partir de su relación con otros. La alteridad no ha sido posible, según Simone de Beauvoir, pues no se ha alternado el yo-mujer a otras posiciones para construirse en libertad y así definir su naturaleza, porque histórica y culturalmente, el hombre ha impedido esa posibilidad. Así el mitsein de la mujer no se ha podido construir debido a esa dominación que ha ejercido el hombre para  impedir la posible respuesta a la pregunta.

Cuando Simone de Beauvoir acuñó la frase “No se nace mujer, se llega a serlo”, sintetiza cómo la alteridad y el ejercicio de la otredad permite que se llegue a ser mujer dado el necesario despliegue que requiere el ser ante y frente a los otros para construir su identidad. La mujer, a pesar de haber nacido con las condiciones biológicas que según las ciencias (“Toda mujer consiste en un útero”) se considera “mujer” no llega a serlo por el simple hecho de haber nacido con esas “condiciones biológicas”, sino que hace necesario ese despliegue existencial.

b. Existencialismo, trascendencia e inmanencia. Simone de Beauvoir convivió décadas con el filósofo francés Jean Paul Sartre. Siempre se ha dicho que las ideas de ambos personajes en torno al existencialismo fueron producto de largas discusiones y comentarios entre ellos. Por eso no es difícil pensar que debido al contexto incluso inmediato, pero también cultural, la propuesta de la escritora tenga un matiz fundamentalmente existencialista.

Para Sartre y el existencialismo, el ser humano es tal, en cuanto y en la medida que éste se proyecta, es decir, mientras mantiene su intención vital de trascender. No trascender es vivir en la inmanencia, en la no historia, en la no situación. Simone de Beauvoir quiere que la mujer determine su identidad, ese mitsein necesario para su liberación, en la medida que asuma el carácter trascendental de su existencia y salga de la inmanencia en la que la ha tenido dominada el hombre históricamente.

La emancipación definitiva de la mujer sólo será posible, no sólo por el reconocimiento de una igualdad con el hombre, sino por el despliegue definitivo de su ser a partir de conocer su existencia trascendental. Sólo así la mujer saldrá de esas tinieblas a la que ha sido sometida desde la antigua Grecia.

V. ¿Qué quiso comunicar Simone de Beauvoir? ¿Cómo lo hizo?

Luego de comentados los términos claves a partir de su contexto, es poco lo que se puede sumar a la pregunta sobre qué quiso comunicar esencialmente Simone de Beauvoir en la introducción de su libro.

Fundamentalmente, quiso ubicar a los lectores en el estado de la cuestión en torno a la discusión intelectual y filosófica sobre el estatuto existencial de la mujer. Así que mostró los temas que serían tratados en el libro y asomó los conceptos básicos que largamente trataría en el cuerpo del texto.

Lo importante es la forma cómo lo hizo. Sólo una escritora de su tamaño hace posible el diseño de un texto con una estructura retórica-argumentativa que posibilita la persuasión de sus lectores para que éstos adopten las posturas que ella propone. Por tal razón, este texto ha sido fundamental, como hemos dicho, para el pensamiento filosófico contemporáneo.

La escritora echa mano a estrategias argumentativas fundamentales como la comparación, el contraste, el relato histórico, la hipertextualidad, que permiten el cumplimiento de su propósito.

Por último, ratificar la intención de la introducción y el texto en general, la mujer sólo posibilitará su liberación o emancipación definitiva, cuando asuma el carácter trascendental de su existencia. Desde una perspectiva retórica, resulta efectivo que luego de 15 párrafos de desarrollo argumentativos desde perspectivas históricas y filosófica, concluya lógicamente son esa propuesta.

VI. Comentario personal

Este breve análisis, sumado al realizado como ejercicio en clases sobre el texto “El voto femenino y la lucha de clases” de Rosa Luxemburg, me han permitido entender mejor la lucha de los movimientos feministas. 

Luxemburg me enseñó que la lucha por las reivindicaciones de las mujeres no es un asunto sólo de ellas, sino también de toda la clase obrera o, en términos más actuales, de todos los explotados del sistema capitalista global, pues la opresión que se ejerce sobre las mujeres es sólo una de las manifestaciones de dominación del sistema.

Ahora Simone de Beauvoir me ha enseñado que las mujeres, pero también todo aquel que sea víctima de la opresión de cualquier hegemonía política o económica, sólo podrá emanciparse de manera definitiva en la medida que sea consciente de que es imperativo asumir ese carácter trascendental de su existencia que hablé en el apartado anterior.

Desde mi horizonte de interpretación, que es el Análisis del Discurso, ha sido fundamental ver y comprobar las posibilidades que me brinda esta disciplina para la comprensión y la interpretación de textos filosóficos. Hasta ahora sólo la había utilizado para otras tipologías textuales o tipos de discursos, pero ahora puedo ver mejor su utilidad para el trabajo con textos filosóficos.

En lo personal, todavía hay un largo camino por recorrer para conciliar la utilidad del análisis del discurso y la hermenéutica filosófica, lo cual he decido hacer con entusiasmo y denuedo.

VI. Bibliografía

Abbagnano, N. (1960). Diccionario de Filosofía. México: Fondo de Cultura Económica, 2010
Calsamiglia, H. y Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Ariel
Escandell, M.V. (1996). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel, 1999
De Beauvoir, S. (1949). El segundo sexo. Los hechos y los mitos. Buenos Aires: Siglo Veinte
Hirschberger, J. (1961). Breve historia de la filosofía. Barcelona: Herder, 1998
Law, S. (2007). Filosofía. Buenos Aires: Editorial El Ateneo, 2008
Müller, M. y Alois Halder (1976). Breve diccionario de filosofía. Barcelona: Herder, 2001
Van Dijk, T. (1998). Ideología. Barcelona: Gedisa.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Pragmática y enseñanza. Importancia del enfoque pragmático en el aula universitaria

Preliminar: Parece una mala costumbre esto de publicar cosas que escribí hace años en otros soportes, pero el contexto obliga. Otra vez a propósito de las clases de Análisis de Textos con Olga Vásquez en la UCA, busqué este trabajo sobre Pragmática Lingüística que escribí para una materia de la Maestría en Estudios del Discurso de la UCV hace tiempo (11 años exactamente). Es pertinente para las reflexiones que estamos teniendo en el aula y para la exposición que haré el lunes sobre el texto "La mujer y el voto femenino" de Rosa Luxemburgo...

I. Introducción
“Cuando hago un examen trato de hacer un texto que no sea un caletre”; “Yo lo hago concatenado”; “A mí me resultan los textos creíbles y persuasivos”; “Los textos de examen deben ser llamativos”. Estas son algunas de las respuestas recibidas, luego de aplicar una breve encuesta no estructurada a 30 alumnos del segundo semestre de la Escuela de Comunicación de la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

La primera pregunta que se le formuló a los bachilleres fue: ¿Qué escribe usted cuando hace un examen? No obstante, resultan aún más interesante las respuestas dadas a otras dos interrogantes formuladas: ¿Qué características contextuales de la situación “examen” toman en cuenta para realizar una prueba exitosa?; y ¿Cuál es la verdadera intención que se plantean al realizar el ejercicio? En cuanto a la pregunta sobre los elementos del contexto, estudiantes hicieron referencia a aspectos como la ropa o vestimenta que llevan al momento de realizar la prueba e incluso su estado de ánimo. Sobre la intención, algunos manifestaron “pasar la materia” y “lograr una buena nota”.
 
Estos resultados, producto más de un sondeo informal que de una profunda investigación, confirman la inquietud de algunos investigadores en el área del lenguaje: el desconocimiento de los alumnos (y también de los docentes) acerca de los factores extralingüísticos que determinan el éxito de la redacción de un examen o de cualquier otro tipo de evaluación escrita en el proceso de aprendizaje. Ello no ocurre exclusivamente en el ámbito universitario sino también en todas las esferas de la educación. Sin embargo, es fundamental observar con cuidado este fenómeno en los estudios de tercer nivel, pues es allí donde se le exige al estudiantado demostrar sus capacidades críticas, analíticas e interpretativas, a través del discurso escrito en todas las tipologías de textos académicos existentes: exámenes, monografías, resúmenes, informes, reportes de lectura, ensayos, tesis de grado, etcétera.
 
Al parecer, los estudiantes (y algunos educadores) no perciben la enseñanza como una serie de eventos comunicativos, basados en intercambios de conocimientos y significados contenidos en enunciados o grupos de enunciados. Ante esta situación, hay que entender que el éxito de la comunicación educativa radica, en primer lugar, en que el aprendizaje es una interacción social, en el que los participantes, además de cumplir un rol o estatus, acuden a ella con una intencionalidad bien definida: enseñar (los docentes) y aprender (los alumnos). 

Sin embargo, en los procesos de evaluación, es difícil reconocer o delimitar cuáles son los factores contextuales que podrían, a través de su definición y control, permitir un evento comunicativo (por ejemplo, un examen) más exitoso. Es decir, cuánto se ha enseñado y cuánto se ha aprendido.
 
Esta reflexión preliminar nos lleva a otra: cómo se enseña la escritura académica en la Universidad. Se sabe que los alumnos llegan al tercer nivel educativo sin un entrenamiento específico o especializado en la redacción de textos académicos y sin un conocimiento preciso de la tipología de los textos que deben utilizar. 

Entonces, en definitiva, son dos los factores importantes a tomar en cuenta en esta problemática: el desconocimiento de los participantes en la interacción educativa de que existen factores extralingüísticos que determinan el éxito de la comunicación, es decir, aquellos que existen más allá de las instrucciones dadas por el profesor y la prueba escrita por el alumno; y, por otra parte, la impericia de los alumnos en la escritura académica y las tipologías textuales de dicho ámbito de la actividad humana.
 
El presente trabajo, forma parte de la asignatura Semántica y Pragmática del Discurso de la Maestría en Estudios del Discurso de la Universidad Central de Venezuela, en cuyos objetivos se encuentra revisar los desarrollos teóricos de estas disciplinas y su aplicabilidad en el ámbito del análisis del discurso y la enseñanza de la lengua.
 
En este breve trabajo, no se ahondará en los enfoques específicos de la enseñanza de la escritura, sino que se intentará iniciar una reflexión sobre las ventajas que brinda el manejo de los conceptos básicos de la pragmática lingüística (Escandell, 1996: 25–39) para realizar un proceso de aprendizaje exitoso.
 
Por último, es necesario advertir que no pretendemos tampoco dar resultados definitivos sobre un estudio de campo o análisis de corpus de textos. Esta disertación es un acercamiento preliminar para investigaciones futuras en el área de la redacción académica y las tipologías textuales en la enseñanza universitaria.

II. Pragmática y redacción académica
No basta el mero conocimiento del idioma para lograr una comunicación con éxito. Incluso, para entender de manera precisa las interacciones verbales, es necesario tomar en cuenta elementos extralingüísticos del evento comunicativo que hasta hace muy poco no eran importantes para los investigadores del lenguaje. Hoy en día, para estudiar dichas características contextuales, se recurre a la pragmática.

“... la pragmática no es un nivel más de la descripción lingüística –comparable a la sintaxis o a la semántica–, ni una disciplina global que abarca todos los niveles y los supera; la pragmática es una perspectiva diferente desde la que contemplar los fenómenos, una perspectiva que parte de los datos ofrecidos por la gramática y toma luego en consideración los elementos extralingüísticos que condicionan el uso efectivo del lenguaje” (Escandell, 1996: 10)

Esos elementos “extralingüísticos” son el contexto de la enunciación, la intención de quienes participan en la interacción, los propios participantes, entre otros. Una sistematización pertinente de dichos elementos la ofrece precisamente Escandell (1996), quien los clasifica en dos clases: los de naturaleza material o física; y los inmateriales o relacionales.
 
Antes de reflexionar en torno a cada uno de dichos elementos es importante reconocer que éstos determinan todos los tipos de interacción verbal, desde la conversación cotidiana (oral) hasta los discursos altamente estructurados (como el escrito). En nuestro caso, la redacción académica –tanto en su enseñanza como en su producción– debe servirse de la pragmática lingüística para lograr resultados positivos. Basta imaginar si efectivamente un estudiante toma en cuenta las características del contexto al momento de realizar una prueba o examen; o si además de concentrarse en lo que “escribe”, reflexiona sobre todos aquellas peculiaridades que rodean el “texto-examen” y que necesariamente lo determinan y condicionan.

III. Lo material en la interacción académica
Entre los llamados “componentes materiales” se encuentra en primer lugar el emisor. Derivado de la teoría de la información, este término se refiere en la perspectiva pragmática al sujeto que produce de manera intencionada una expresión lingüística. Para Escandell, es importante tomar en cuenta que dicho emisor, por ser un sujeto real, posee conocimientos, creencias y actitudes, y es capaz de establecer toda una red de relaciones con su entorno.

En el caso del evento comunicativo “examen”, como en cualquier clase de interacción verbal, el emisor puede intercambiarse con los otros participantes, es decir, puede ser el profesor, al momento de emitir las instrucciones y diseñar un tipo específico de cuestionario; y puede ser el estudiante, cuando escribe su texto o responde su prueba. En otras palabras, dicha dualidad discursiva nos explica la importancia de tener en cuenta el emisor de la expresión verbal en este tipo de evento, tanto en la perspectiva del docente como en la del estudiante. El control y la conciencia que se tenga de este rol determinarán la naturaleza de los intercambios y el éxito o no de la comunicación.

El segundo elemento a considerar es el destinatario. Según Escandell, éste es “la persona (o personas) a la(s) que emisor dirige su enunciado y con la(s) que normalmente suele intercambiar su papel en la comunicación de tipo dialogante”.

En el “texto-examen” es fundamental tomar en cuenta las características del destinatario de la expresión lingüística, es decir, cuáles son sus intenciones, sus propósitos y en qué medida el conocimiento compartido entre emisor y destinatario puede ser reconocido como común.

Tal como Escandell lo explica, la naturaleza del destinatario determina en gran medida la forma del mensaje. Por ello, es de gran importancia que el emisor no sólo se concentre en la redacción de un texto académico especialmente diseñado para un tipo ideal de profesor, sino que tome en cuenta las características específicas del docente que le está aplicando la prueba.

El tercer elemento material de la categorización de Escandell es el enunciado.

“Desde el punto de vista físico, un enunciado no es más que un estímulo, una modificación del entorno, sea el entorno auditivo (como en la comunicación oral), sea el entorno visual (como en la escrita). Frente a otros términos más generales como mensaje, que pueden designar cualquier tipo de información trasmitida por cualquier código, el término enunciado se usa específicamente para hacer referencia a un mensaje construido según un código lingüístico” (Escandell, 1996: 27).

En la lingüística contemporánea se emplea el término enunciado para indicar “una secuencia lingüística concreta, realizada por un emisor en una situación determinada”, en contraposición al uso en la investigación de la unidad oración, que era la que antes se tomaba en cuenta como la unidad mínima gramatical.

“Algunos investigadores han querido establecer un paralelismo entre oración y enunciado, y han sugerido que un enunciado es la realización concreta de una oración. Esta visión –aunque es claramente inadecuada- tiene, al menos, la ventaja de diferenciar con claridad entre oración (unidad abstracta, estructural, definida según criterios formales, y perteneciente al sistema de la gramática) y enunciado (actualización de una oración, unidad del discurso, emitida por un hablante concreto en una situación concreta), es decir, entre lo que pertenece al ámbito de la gramática y lo que atañe a la pragmática”. (Obra citada: 28)

Definidos los criterios para diferenciar el enunciado de otras formas de expresión verbal, debe precisarse cuáles son sus límites. Según Escandell, estos deben fijarlos la propia dinámica del discurso. Si analizamos el evento examen como un acto dialogal, notaremos que un primer enunciado es emitido por el profesor al ordenar la realización de la prueba. Desde esta perspectiva, el enunciado “texto-examen” del alumno es una “respuesta” que debe satisfacer las necesidades, los propósitos y las intenciones de quien emitió el primer enunciado.

El examen escrito por el estudiante debe ser tomado en cuenta como la materialización de un enunciado que responde a un estímulo primario emitido por el docente. A través de él, el alumno deberá demostrar sus conocimientos y actitudes ante el conocimiento, así como sus capacidades de satisfacer las necesidades del docente.

Volvemos así a algunas de las reflexiones recurrentes en este ejercicio: cuán conscientes son los participantes de la interacción “examen” de que éste es un evento comunicativo, en el cual alumnos y docentes -como interlocutores- intercambian enunciados con una intencionalidad y unos objetivos bien definidos.

El último de los componentes materiales de la pragmática, propuesto por Escandell, y que hay que tener en cuenta en para el análisis o la producción de enunciados exitosos es el entorno o situación espacio-temporal.

De gran influencia en el análisis del discurso, a partir de la etnografía de la comunicación y la antropología lingüística (Hymes, 1972; Gumperz, 1991; Kerbrat-Orecchioni, 1990), el contexto es considerado como uno de los factores más importantes que determinan la naturaleza (y éxito) de la interacción verbal.

“Es el soporte físico, el ‹‹decorado›› en el que se realiza la enunciación. Incluye como factores principales las coordenadas de lugar y tiempo. Pero representa algo más que un mero escenario. En muchos casos, como vimos en el capítulo anterior, la situación espacio-temporal es un factor determinante: las circunstancias que impoen el aquí y ahora influyen decisivamente en toda una serie de elecciones gramaticales y quedan reflejadas habitualmente en la misma forma del enunciado; y, a la vez, constituye uno de los pilares fundamentales para su interpretación” (Ob. Cit: 29)

Dell Hymes, uno de los fundadores de la etnografía de la comunicación, propuso sistematizar la comprensión de los eventos comunicativos a partir de la revisión de ocho elementos que, según su planteamiento, se dan en todas las interacciones verbales. Organizados en el acróstico speaking, Hymes clasificó los criterios para la caracterización de los intercambios verbales de la siguiente manera:

Situation (situación)
Participants (participantes)
Ends (finalidades)
Act sequences (secuencias de actos)
Key (claves)
Instrumentalities (instrumentos)
Norms (normas)
Genre (género)
(Hymes, 1972, en Tusón, 1997: 73-74)

En otras palabras, la escritura académica en un evento “examen”, como un intercambio comunicativo cualquiera, debe adaptar el texto a todos aquellos factores contextuales que rodean y de alguna forma determinan la expresión lingüística o enunciado “examen”. Ya hablamos de los participantes (emisor y destinatario), pero a esto hay que anexarle los elementos situacionales aportados por Hymes, como la situación (el estudiante debe conocer en qué consiste o cuál es la naturaleza de los exámenes, dónde se realizan, en qué momento, etc.); las finalidades (el evaluado debe recibir una orientación por parte del docente sobre el “para qué” y “por qué” se hace la prueba, si es un control de lectura, medición de conocimiento, evaluación de la cátedra y su metología, en otras palabras, cuál es la finalidad de la prueba); las secuencias de actos (es conveniente que el estudiante conozca cómo se estructuran y organizan los mensajes lingüísticos, así como tener plena conciencia de que el examen es un acto ilocutivo, es decir, “el evaluado hace algo con el texto que produce”); las claves (los alumnos en situación de examen deben saber y manejar el registro y el tono que debe textualizarse en su enunciado o examen, en este caso formal-académico); los intrumentos (ser conscientes de que el canal o medio es básicamente el discurso escrito, por lo que deben conocer o manejar diversos enfoques del proceso de la escritura); las normas (es recomendable que el evaluado siga las normativas propias del evento examen, en cuanto a formalidad, orden, atención, etc.); y género (muy importante en el ámbito académico, pues como dijimos al principio, uno de los principales problemas de los estudiantes es el desconocimiento de los tipos y clases de interacciones verbales y textos que debe producir o integrar en la universidad).

IV. Lo inmaterial en el evento examen
Para Escandell, “más significativos que los propios elementos son las relaciones que entre ellos se establecen”. A estos los denomina componentes relacionales, los cuales son de naturaleza inmaterial.

El primero de ellos es la información pragmática, la cual se entiende como “el conjunto de conocimientos, creencias, supuestos, opiniones y sentimientos de un individuo en un momento cualquiera de la interacción verbal” (Escandell, 1996: 31). 

Cuando interactuamos verbalmente activamos nuestros saberes socioculturales y nuestra experiencia previa para “rellenar” con ello aquellos vacíos que no son aportados por nuestro interlocutor. En relación directa con lo expuesto, Levinson (1983, en Calsamiglia y Tusón, 1999: 190) propone la existencia de una presuposición pragmática la cual es inferida por el receptor a partir de los factores contextuales de la interacción verbal (relación entre los participantes, situación, marcos cognitivos compartidos, etc.) y el conocimiento del mundo o saber enciclopédico de los participantes.

En la interacción académica, específicamente, existen también presuposiciones pragmáticas (el alumno está seguro de que el evaluador posee una serie de conocimientos previos, los cuales el primero debe activar estratégica y oportunamente en su texto), pero ello no se refiere únicamente al conocimiento a evaluar o evaluado, sino a todo el universo mental que rodea el evento: Universidad, educación, carrera, sistema de evaluación, asignatura, contenidos, condiciones de la prueba, valor de la misma, notas previas, etc.).

Escandell cita a Dik (1989) para enumerar los tres subcomponentes de la información pragmática: general (conocimiento del mundo); situacional (conocimiento derivado de la inteacción); y contextual (discursos precendentes ésta). Tanto estudiante como profesor, deben tener en cuenta estas tres dimensiones que condicionan la realización de una evaluación académica, pues no sólo el contenido de la asignatura es determinante para diseñar un texto o emitir un enunciado lingüístico, también influye en la presentación exitosa de un examen conocer toda la información contextual que relaciona a los interlocutores con su contexto y con sus propias intenciones.

Precisamente es la intención de los participantes el otro componente relacional que, según Escandell, debemos tomar en cuenta para analizar (o en nuestro caso considerar) para lograr una interacción académica. Todo ser humano que utiliza el lenguaje tiene la intención de hacer algo con lo que expresa. Beuagrande y Dressler (1972) incluyeron la intencionalidad como una de las siete condiciones que, a juicio de estos investigadores, debe cumplir todo texto para ser considerado como tal.

“Tanto la cohesión como la coherencia son nociones centradas en el texto que designan operaciones enfocadas hacia los materiales textuales. Además de éstas, se necesitan otro tipo de nociones centradas en el usuario que expliquen con mayor amplitud el funcionamiento de la actividad comunicativa en la que están implicados tanto los productores como los receptores de los textos. Un ejemplo de este tipo nociones es la tercera norma de la textualidad: la INTENCIONALIDAD. La intencionalidad se refiere a la actitud del productor textual: que una serie de secuencias oracionales constituya un texto cohesionado y coherente es una consecuencia del cumplimiento de las intenciones del productor (transmitir conocimiento o alcanzar una META específica dentro de un PLAN (Beaugrande y Dressler, 1997: 40)

Una perspectiva fundamental de la pragmática y que más se ha preocupado por las intenciones del productor textual es la que se conoce como la teoría de los actos de habla (Austin, 1962; Searle, 1964, 1969). El estudiante debe saber que el examen es un acto ilocutivo, es decir, una acción que se comete en relación directa a una intención predeterminada: demostrar mis conocimientos, pasar la materia, convecer al profesor de que estudie, entre otras expresiones, son las aportadas por los alumnos. Y es así, el alumno debe concientizar que “no se hace un examen”, sino más bien, se demuestra competencias y habilidades a través de una expresión lingüística o enunciado denominado examen, que es una tipología textual específica del ámbito académico.

Es legítimo que el estudiante conozca las intenciones del docente al momento de realizar una prueba escrita (examen, control de lectura, reporte, ensayo, etc.), para que así el primero pueda diseñar estratégicamente el texto. Asimismo, es importante que el alumno evaluado sea consciente de sus intenciones y sepa que éstas determinarán de manera directa el proceso de escritura.

Finalmente, el tercer y último tipo de componente que presenta Escandell es la relación social entre los interlocutores. Alumno y profesor, evaluado y evaluador, pertenecen a una misma organización societaria, la académica, lo cual determina directamente las interacciones o tipos de interacciones que se llevan a cabo. Si como advierte la autora, “el emisor construye su enunciado a la medida del destinatario”, ha de tomarse en cuenta la relación jerárquica existente el docente y su alumno. El primero debe adaptar su enunciado (sea cuestionario o instrucciones) al ámbito de entendimiento y capacidades del iniciado; y el segundo, está obligado a adecuar su expresión lingüística (examen) al profesor, alguien que tiene un conocimiento previo y amplio sobre lo que se evalúa y que, más que eso, debe observar con cuidado el proceso de aprendizaje del iniciado y no el producto final.

V. Conclusiones
Sabemos que muchos de los componentes de la pragmática aquí estudiados se refieren a tipos de interacciones verbales distintas a los que prototípicamente se dan en el ámbito académico. No obstante, los estudios universitarios son, en definitiva, una experiencia de vida, en la que no están excluidas los distintos tipos de comunicación humana, desde la “conversación cotidiana” hasta discursos altamente estructurados y controlados como las “clases magistrales”, en los cuales el uso del lenguaje es fundamental.

Sin embargo, la adaptación de la perspectiva de la pragmática lingüística a los procesos de aprendizaje y evaluación en los estudios universitarios (y otros, por supuesto), nos enseña que no basta el óptimo uso del lenguaje para tener éxito, pues existen todo un conjunto de factores extralingüísticos que determinan de manera directa los enunciados que emitimos en nuestras interacciones verbales, sean del tipo que sean. Sin duda, una noción que deben manejar los docentes para obtener mejores resultados de sus alumnos; y los estudiantes para lograr una vida universitaria más exitosa.

Julio de 2001.-

Referencias
BEAUGRANDE, R. de y DRESSLER, W. (1972). Introducción a la lingüística del texto. Barcelona: Ariel, 1997
BERTUCELLI PAPI, M. (1993). ¿Qué es la pragmática? Barcelona: Paidós, 1996
CALSAMIGLIA, H. y TUSON A. (1999). Las cosas del decir. Manual de Análisis del Discurso. Barcelona: Ariel
ESCANDELL, M. (1999). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel
TUSON, A. (1997). Análisis de la conversación. Barcelona: Ariel

sábado, 3 de noviembre de 2012

Sobre el retiro de Zaratustra

(Preliminar: Esto lo escribí en 2009 como un ejercicio personal. Ahora que Olga Vásquez me puso a releer a Nietzsche, lo recordé y lo busqué por allí. No sé si tenga algún valor. Fueron palabras al vuelo al leer el prólogo de "Así habló Zaratustra")

El retiro voluntario del joven Zaratustra, ascético y monascal, es el símbolo de todo profeta, de todo filósofo. Nietzsche proyectó en Zaratustra su ideal del filósofo. Un retiro para el disfrute pleno de la soledad y del espíritu para alcanzar el estado ideal de contemplación, un estado de plenitud propicio para la transformación. Sólo al sentir -luego de diez años- esa placidez total, Zaratustra se sintió capaz de levantar su voz y retar al máximo creador, representado en el texto en el Astro Rey, el sol, primer Dios de los humanos. “¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!”. Primer desplante al que se atreve el filósofo una vez ha encontrado en sí mismo la fuerza y la seguridad. Primer atisbo de enfrentamiento al creador, al poner en duda su existencia al retarlo a reflexionar sobre su propia realidad. Una verdad creada por su propia feligresía.

Por ello, Zaratustra le reclama al sol que durante diez años ha asistido a su caverna: “... sin mí, mi águila y mi serpiente, te habrías hartado de tu luz y de este camino”. Determinando así que la existencia del Dios-Sol o Sol-Dios, depende directamente de la existencia del profeta.

Sin embargo, acepta su destino: “Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello”. Y se reconoce el filósofo en su propio viaje para aprender a contemplar: “Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!”.

Este es el asomo del Hombre que plantea Nietzsche. El hombre que enfrenta y pone en duda la existencia de su propio Dios, pero con la suficiente sabiduría para aceptarlo de alguna forma. Por ello saluda su creación y pide su bendición. Es la contradicción que luego se planteará el hombre moderno: rechazo y búsqueda constante de su Dios.

Del “pasar de largo”

Enfrentarse a la ciudad es enfrentarse al hombre en sociedad. Enfrentarse a la ciudad es enfrentarse a sí mismo. Zaratustra enfrenta en “El Mono” a una parodia que ha hecho la ciudad de él mismo. Y las palabras de “El Mono” representan lo que la ciudad opina de Zaratustra.

La ciudad y el hombre moderno niegan al poeta, rehuyen del filósofo.

“El Mono” reconoce qué hacen los “ciudadanos” con el pensamiento del filósofo: “... aquí a los grandes pensamientos se los cuece vivos y se los reduce a papilla”.

Interesante resulta la crítica explícita que hace Nietzsche de lo que podríamos llamar "medios de comunicación" y los efectos de éstos sobre los ciudadanos al nombrar que “hasta hacen periódicos” y la referencia directa a la “opinión pública”. Pareciera mostrarnos la transformación deformadora que hacen los “mediadores” sobre la realidad.

Incluso detesta en la voz de “El Mono” lo que hacen éstos y con qué propósitos: “¿No oyes cómo aquí el espíritu se ha transformado en un juego de palabras? ¡Una repugnante enjuagadura de palabras vomita el espíritu! - ¡Y hacen hasta periódicos con esa enjuagadura de palabras! Se provocan unos a otros, y no saben a qué. Se acaloran unos con otros, y no saben para qué. Cencerrean con su hojalata, tintinean con su oro”.

“El Mono” construye discursivamente una advertencia total a Zaratustra y le previene de los peligros de salir de su “ciénaga” y osar regresar a la ciudad.

En conclusión, le advierte que no vuelva porque será incomprendido. Fatal el destino del filósofo en el mundo contemporáneo, representado aquí en la ciudad.