viernes, 29 de junio de 2012

Boecio: El último estoico romano; el primer estoico medieval



I. Datos importantes

Si en algo coinciden los manuales de filosofía al referirse a Boecio (Anicius Manlius Severinus Böethius, en latín) es en ubicarlo como un hito en la historia de las ideas. El último romano, el último pensador de la antigüedad, fundador de la Escolástica, primer pensador del medioevo, son algunos títulos que muestran la importancia de Boecio y, sobre todo, su característica especialísima de ser un parteaguas entre el pensamiento antiguo y el pensamiento medieval. Incluso, en los inicios de la era moderna, aún retumba la fuerza de las ideas de este personaje.

La vida de Boecio, aunque corta, es rica en sucesos y vericuetos. Nacido en Roma alrededor de 480, se conoce que muy joven viajó a Atenas, donde aprendió la cultura y la lengua griega. Al regresar se casó con una hija de Símmaco, político y orador romano, famoso por su confrontación con San Ambrosio, lo que significó el ingreso de Boecio a la política. Fue nombrado cónsul en Rávena en 510 por Teodorico, quien fue rey de los ostrogodos de 474 al 526 y de quien Boecio escribió un panegírico.

Sin embargo, Teodorico debido a sus constantes enfrentamientos con el Papado y con el imperio Bizantino, optó por enfrentarse definitivamente con el Cristianismo y acusó a Boecio de alta traición, lo encarceló y un año después, en 525, ordenó su ejecución. Reale y Antíseri (2010) señalan que Boecio fue acusado de traición por el refrendiarus Cipriano, quien era exponente del denominado partido filo-gótico, y la ejecución fue consumada en el invierno de 524.

"El motivo de la acusación fue la de haber impedido la obra de los delatores contra el Senado y de haber tramado la restauración de la autoridad del emperador, con prejuicio de Teodorico" (Reale y Antíseri, 2010: 200)

La relación con otros personajes del pensamiento se da por dos vías. Una indirecta y otra directa. La primera, la indirecta, por su contacto de obras de pensadores griegos como Platón, Aristóteles y Porfirio. De Platón y Aristóteles, gracias a su conocimiento de la cultura helénica, pretendía traducir al latín todas sus obras, pues sostenía que ambos coincidían en los fundamentos de sus doctrinas. Del neoplatónico Porfirio, escribió dos comentarios a su Isagogé.

Volviendo a Aristóteles, sólo pudo en vida traducir y comentar las Categorías y preparó una versión del texto De Interpretatione. De este último, además, escribió dos comentarios. Del Organon, tradujo Los Analíticos primeros y segundos, los Elencos sofistas y los Tópicos.

Estas traducciones y comentarios a Aristóteles permitieron que no sólo que Boecio fuera conocido en el medioevo, sino también que sus obras tuvieran una altísima circulación en la edad media temprana.

Su relación directa con personajes de su época, además de las ya nombradas en el ámbito político, cabe destacar su influencia en quien fuera su discípulo directo: Casiodoro (480-570), quien como cita Goñi (2002, 2010), aunque compartía la cultura y los intereses de su maestro, no sintonizaba con su mentalidad. Sin embargo, Boecio y Casiodoro sí coincidieron en un aspecto importante para la historia de la filosofía: ser transmisores de la cultura griega al medioevo.

"Boecio tuvo un conocimiento de los filósofos griegos de primera mano, lo que le convierte  en el último depositario de un rico bagaje cultural que está a punto de hundirse bajo tierra hasta que resurja varios siglos después. Su eclecticismo enciclopédico será de gran utilidad durante los años de transmisión entre la antigüedad y la Alta Escolástica. La Edad Media debe a Boecio la organización de la enseñanza en el Trivium (gramática, retórica y lógica) y Quadrivium (aritmética, astronomía, geometría y música)". (Goñi, 2010: 70)

Ese conocimiento de la cultura griega y su altísimo involucramiento en la alta política del Imperio Romano, hacen suponer también la fortísima influencia de las ideas estoicas en Boecio, especialmente Séneca. Dicho legado se expresa literalmente en la Prosa III del Libro Primero, cuando el autor en su diálogo con la Filosofía le habla a ésta de manera evocativa y poética sobre su experiencia en el estudio sistemático del pensamiento griego.

“¿Piensas, acaso, que es ésta la primera vez que la sabiduría ha sido provocada con peligros de las malas costumbres? ¿No sabes que mucho antes que llegara la edad de nuestro Platón solíamos tener debates con la ignorancia? ¿Y que viviendo él, su maestro Sócrates, asistiéndole yo, mereció llevarse la palma injusta de la muerte que le dieron? Tras quien el vulgo de los epicúreos y estoicos, y los demás, cada uno por su parte, como quisiesen entrarse por su herencia a fuerza de brazos, a mí, porque les daba voces y detenía, me trajeron a malas manadas, como si yo fuera despojos, y rompiéndome las vestiduras, que yo por mis manos había tejido, me sacaron de ellas algunos jirones y se fueron, pensando haberme llevado toda consigo”. (Boecio, 2010: 22-23)

Aquí se prevé una clave de la influencia griega en general y estoica en particular en Boecio: es una influencia crítica. Es decir, Boecio asume su influencia griega pero con reservas.

II. Su obra

Boecio escribió obras originales, entre las que se cuentan De institutione arithmetica, De institutione musica, De Sancta Trinitate y De fide catholica.

Pero el libro que más ha tenido repercusión y por el que más se le conoce es De  consolatione philosophiae (La consolación de la filosofía, en castellano), obra escrita durante su presidio y considerada no sólo una gran obra filosófica por sus planteamientos e ideas, sino también una obra de alto vuelo literario por el lenguaje poético y el uso de la técnica del diálogo de manera evocativa y muy emotiva.

Según el sitio web Biografías y vidas, la obra fue impresa por primera vez en Nuremberg en 1473 y las mejores ediciones hechas posteriormente son las de Jena (1841) y Leipzig (1871).

La consolación de la filosofía está escrita en prosa y en verso. El planteamiento es el diálogo entre un prisionero que invoca a la Filosofía para consolarse antes de su ejecución. Ésta se le aparece en forma de una noble señora. Para Goñi (2002) en este esquema general ya hay una referencia al estoicismo al plantearle la Filosofía al prisionero una serie de "recetas estoicas" para que éste, sin problemas, "asuma su fatal destino".

El texto consta de cinco partes o libros. La presentación de la Filosofía ante el prisionero se da en forma de "una mujer de aspecto venerable, de ojos fulgurantes y penetrantes más que la capacidad común de los hombres"; ésa es la primera parte del libro. El prisionero mira a la mujer y reconoce en ella a su "nodriza" de juventud: la Filosofía. Allí vemos una descripción de la Filosofía muy laica, pues como ocurrirá a lo largo del libro son pocas las referencias directas a la divinidad cristiana específica.

En el libro segundo, la Filosofía le hace ver al cautivo la inestabilidad de la Fortuna y la necesidad de resignarse a los hechos que nos impone ésta en nuestra vida. La dama identifica la Fortuna como una rueda que gira velozmente y que conforma el destino que domina la vida humana. Explica al prisionero el engaño de la Fortuna al hacerle creer al hombre que cuando "todo va bien" ésta es más perniciosa, pues le impide ver al hombre dónde está y en qué consiste la verdadera felicidad.

En la tercera parte, la Filosofía se concentra en presentar el "Sumo bien" (evidente referencia platónica) y explica el “engaño” al que nos somete la Rueda de la Fortuna al presentarnos “bienes falsos” como parte de la felicidad, tales como la fama, los placeres, el dinero o los altos cargos públicos. Al final de esta parte, llega junto al prisionero a la conclusión de que el único bien verdadero es Dios, pues todos los demás bienes eran falsos y, aunque simulaban la felicidad, en realidad nos alejaban del verdadero bien.

Los capítulos o libros cuarto y quinto tratan de temas muy vinculados al estoicismo. La providencia, el destino y la libertad, son esas temáticas, y a juicio de Goñi (2002), la Providencia, ya en mayúsculas, establece el orden del Universo, el cual a su vez cuando se aplica en casos particulares se entiende como Destino.

El cuarto libro explica la existencia del mal y advierte que los que se alejan del Sumo Bien (Dios) son personas "condenadas, embrutecidas, infelices" (Reale y Antíseri, 2010: 203). 

Sin embargo, Boecio reflexiona sobre la realidad existente en las personas que, a pesar de alejarse de la honestidad y ser “condenadas y embrutecidas”, disfrutan de los placeres y de la supuesta "felicidad" de los bienes falsos. 

La Filosofía explica a Boecio que estas injusticias pueden existir, pero que la Providencia, a pesar del azar o del caos, está llamada a ser la "razón divina" (logos) en la que descansa el orden universal y que dispone todas las cosas. En este particular, Boecio la diferencia del Hado que es la acción concreta de los seres humanos en un tiempo y en un espacio. Aquí se expone la tensión entre Destino (como Divina Providencia) y la acción concreta del hombre (el Hado). 

"El hado tiene cuidado de disponer cada cosa con movimiento por lugares y formas y tiempos, y así esta explicación de orden temporal unida con previsión es la Providencia. Y esta misma unión así dividida y explicada por tiempos es llamada hado. Las cuales aunque son diferentes vienen a tener dependencia la una de la otra. Porque el orden fatal procede de la sencillez de la providencia. Que así como un artífice formando primero en su mente la figura de lo que ha de hacer, la pone después en efecto, y lo que simplemente se le representó lo reduce a temporales ordenanzas; así Dios mediante su providencia singular y  constantemente dispone lo que ha de ser. Y eso mismo que así dispuso, lo efectúa después mediante el hado vaga y temporalmente" (Boecio, 2010: 97)

Pero entre el Hado y la Providencia, cabe la pregunta de dónde queda la libertad del hombre. Si el Hado es la acción concreta supeditada por la Providencia, el ser humano, marcado por ese “orden fatal”, no tiene posibilidad de libertad para sus actos.

Y es precisamente ésa es la pregunta que hace Boecio a la Filosofía. ¿Cómo puede haber libertad humana entre la Providencia y el hado?

“Pero en ese orden de causas intrincadas, ¿hay alguna libertad en nuestro albedrío o la fatal cadena comprime los movimientos de los humanos ánimos?” (Boecio, 2010: 107)

Reale y Arísteri (2010) indican que la respuesta a esa pregunta es la que intenta Boecio a lo largo del último libro de La consolación de la filosofía. Para los autores, el conocimiento divino es conocimiento simultáneo de todos los acontecimientos pasados y futuros; y por lo tanto, el hombre debe acceder al conocimiento divino, del Sumo bien, de Dios, para que a partir de toma correcta de decisiones en el presente, con la “ayuda” de la Providencia, pueda prever un futuro de plenitud.

Aquí estamos ante un tema fundamental en la filosofía medieval, como es la sustitución de la razón humana por la razón divina; y la búsqueda de la verdad, entendida ésta como la búsqueda de Dios, como verdad suprema y absoluta, fin y principio de todas las cosas.

Así, Boecio explica que la Providencia, como razón divina, nos conducirá a la verdad, a Dios, y si vivimos y actuamos conforme a ese precepto, sólo así seremos libres. Es en este apartado donde se nota con más fuerza la idea estoica de “ser libre aceptando el destino”, haciendo énfasis en que ese camino será recorrido con éxito a través del ejercicio de la razón, la razón como virtud, en las ideas estoicas del “Ideal de sabio”.

“Pero las almas humanas son necesariamente más libres cuando se conservan en la especulación de la divina mente, menos cuando se abaten a los cuerpos, y mucho menos cuando se incorporan en los miembros terrestres, y la servidumbre última de ella cuando cayendo del dominio propio de la razón se entregan del todo a los vicios” (Boecio, 2010: 107)

Aquí Boecio también explica que sólo con el ejercicio racional del Libre Albedrío podremos distinguir entre los bienes verdaderos y la infame felicidad que brinda los bienes materiales, para así, a través de la razón actuar libremente y en la voluntad de Dios.

“Es cierto que le hay, ni puede haber naturaleza racional en quien no asista la libertad del albedrío. Porque todo lo que puede tener uso de razón es la fuerza que tenga para distinguir lo que se ofreciere; y así conoce lo que se ha de huir y lo que se debe apetecer. Porque lo que cada uno tiene por optable, eso desea, y, al contrario huye de lo que es digno de ser huido” (Boecio: 2010: 107)

En conclusión, como dice Reale y Antíseri (2010), todo lo que ocurre y habrá de ocurrir están presentes en Dios, y por ello éste predetermina nuestro destino (Providencia) y también nuestros actos (hado). Por ello, dependerá del uso racional de nuestra libertad de decidir y del cultivo de esa racionalidad humana para ponerla en sintonía con la razón natural o divina, que lograremos no sólo obrar bien, sino también llegar a la verdad, llegar a Dios. Así y sólo así seremos libres. Eso que expone Boecio es también el fundamento de la ética estoica.

III. Relación con la doctrina estoica

Como dijimos anteriormente, uno de los grandes valores de Boecio, así como su discípulo Casiodoro, fue el de servir de puente entre la cultura griega y la naciente Edad Media. Esta importancia se centra en lo que significaron estos pensadores para la educación, la enseñanza y la preservación del conocimiento. Con ellos comienzan los escriptorums, los monasterios y la traducción al latín de muchas obras importantes de la cultura helenística. Especialmente, Boecio significó el comienzo de la transmisión de los clásicos griegos y conceptos de filosofía antigua al medioevo.

Hirschberger (1961) explica que Boecio, además de transmitir los conceptos platónicos de Dios, la idea de la felicidad, de la participación y la concepción a priori del universal; de la escuela estoica toma y hereda conceptos fundamentales que después habrán de repercutir en la temática de la filosofía medieval, e incluso moderna. Los conceptos estoicos tratados por Boecio fueron, entre otros, la Naturaleza, la Ley Natural y los concepto de Destino y de la Providencia de la estoa.

Pero lo que se hace más evidente en La consolación de la filosofía es la idea de libertad, pues fue éste uno de los temas fundamentales también que debieron tratar los primeros filósofos cristianos en la Edad Media. ¿Cómo conciliar la idea de libertad humana y la determinación absoluta del destino que Dios, como creador de todas las cosas, también ha creado? Las ideas estoicas sobre esta temática sirvieron para que esos primeros pensadores medievales pudieran conciliar ésa, como muchas otras ideas.

Gilson (1979) explica que las ideas estoicas sobre el cultivo de la razón humana, diferenciada así de los animales y conectada con la razón divina, podía conformar al menos parte de las respuestas al problema de la libertad. ¿Cómo? Asumiendo que esa libertad se concreta en la aceptación del destino y que es la razón humana, en sintonía con la razón divina, la única vía que nos conecta con ese orden universal.

“Colocado en un universo sometido a la más rigurosa determinación, el sabio estoico sólo puede hallar la libertad en la aceptación voluntaria del orden universal. Si se le objeta que su misma voluntad está sometida a la necesidad de ese orden, responde que eso no tiene importancia, puesto que una voluntad necesaria es a pesar de todo una voluntad. Boecio mostró muy bien que una espontaneidad pura se concilia sin trabajo con determinismo absoluto y con la necesidad que de ello resulta” (Gilson, 1979: 284)

Para el medievalista, Boecio se negó a la idea simplista de que el libre albedrío consiste en creer que las decisiones particulares humanas están por encima de las predestinadas por la Providencia. Para Gilson, Boecio insiste en dejar claro que al humano no sólo le basta la espontaneidad de querer, “pues en esas condiciones también lo animales serían libres”, sino colocar por encima a la razón como raíz de la voluntad.

“Así, para Boecio y quienes lo siguen, arbitrium ya no significa la opinión espontánea del querer, sino el libre movimiento de la razón. Al definir el libre albedrío como un liberum nobis de voluntate judicium, sienta como libre al juicio, y nuestra misma voluntad no lo es sino en cuanto es juzgada por la razón” (Gilson, 1979: 284)

En el prólogo y notas preliminares de la edición argentina de La Consolación de la Filosofía preparada por Alfonso Castaño Piñán en 1955, se enumeran varias pistas para detectar la influencia de la filosofía estoica en Boecio y, específicamente, en este libro.

En primer lugar, se establece el eclecticismo filosófico de Boecio en la obra y apunta su propósito principal: una teología racional. Por tanto, todo lo estoico o griego que no le sirva para su propósito simplemente lo desechará. Es decir, toma sólo los conceptos estoicos que puede integrar “en una teoría espiritualista y teísta que pueda servir de base y explicación al dogma”.

“Del estoicismo toma la idea de la veleidosa fortuna y del valor engañoso de los bienes que ella procura. El único bien seguro es el señorío del alma sobre sí misma y sus virtudes. Estoica es también la fuerte acentuación del orden inexcusable del acontecer mundano y del hado, por cuya contemplación nos elevamos a Dios. Pero tampoco acepta Boecio íntegramente la filosofía del Pórtico, como no aceptó la neoplatónica: rechaza, por ejemplo, la sensualista teoría del conocimiento de los estoicos y admite, en cambio, la teoría de la reminiscencia platónica en una forma que es similar a la teoría agustiniana de las “incommutabilia vera”. Boecio, en suma, excluye todo lo que pueda oponerse a su espiritualismo teísta” (Castaño Piñán, 1954)

En definitiva, es evidente la influencia de las ideas estoicas en La Consolación de la Filosofía, aun cuando esta influencia está tamizada por el interés particular de Boecio de utilizar de la estoa sólo aquellas ideas que colaboran en su objetivo dogmático. Objetivo, que extrañamente no es explícito desde el punto de vista cristiano.

En todo el libro, no hay alusiones directas al Cristianismo, por lo que algunos han señalado a Boecio como herético por su supuesto Paganismo o Panteísmo. Sin embargo, se puede suponer que Boecio quiso demostrar cómo a través del ejercicio racional se pueden llegar a la misma verdad que brinda la revelación. Y ése es uno de los ejes fundamentales que habrá de tomar la Filosofía Medieval: la conciliación de la razón y la fe.

Por esa razón, Boecio, como se considere, el último filósofo romano o el primero del medioevo, inspiró y alentó el espíritu de la Filosofía Medieval. Boecio inauguró el diálogo entre las ideas de la filosofía pagana y la naciente filosofía cristiana. Y esa inspiración que proyecta la obra de Boecio, impactó no sólo en la filosofía, sino también en la literatura y las artes en general.

IV. Comentario personal

Escogí para este breve trabajo a Boecio (Anicius Manlius Severinus Böethius) debido a las coincidencias temáticas que detecté entre las asignaturas Filosofía Medieval y Problemas Filosóficos Fundamentales II, esta última en la que estamos estudiando la influencia de la filosofía estoica en la modernidad.

Creo que para estudiar la modernidad es necesario tener en cuenta no sólo el rescate del pensamiento antiguo que acomete la Filosofía Moderna, sino también como el pensamiento griego y helenístico fue tratado en el medioevo. Y Boecio fue el autor que, entre los vistos en ambas asignaturas, me pareció que cubría los requisitos para establecer la relación estoicismo-medioevo.

El acercamiento no fue en un primer momento meramente teórico sino intuitivo. La primera referencia al estoicismo en Boecio la percibí en su relato biográfico, específicamente en lo referido a los últimos años de vida.

Que este pensador haya escrito esa obra, en prisión, acusado de traición por quien fue su protector político y a las puertas del cumplimiento de su condena a muerte, lo percibí como una prueba fehaciente de su actitud estoica ante la vida, una muestra de la resignación con la cual asumió la inminencia de la muerte, pero con la calma, la sabiduría y el propósito claro de legar una obra que resumiera sus ideas sobre la fe y la razón.

Sin embargo, ese acercamiento intuitivo dio paso a un acercamiento teórico al notar las coincidencias entre lo visto en clases y la lectura de La consolación de la filosofía, así como los comentarios sobre la misma.

Pienso que la idea o tema principal que merecería más investigación y brindaría la posibilidad de relacionarlo con su tratamiento filosófico en otras fases de la historia de las ideas sería la noción global de destino, razón y libre albedrío.

El problema de la auténtica libertad del hombre es apasionante y merece un análisis en profundidad para apreciar cómo ha sido tratado, tanto en el estoicismo como por los pensadores medievales, modernos y contemporáneos que, irremediablemente, han de coincidir o chocar con las ideas de la estoa.

Muchas fueron las cosas que me gustaron de estudiar a Boecio. En primer lugar, su conocimiento y manejo del pensamiento antiguo, característica que sólo se mantendrá en los filósofos más renombrados de la Edad Media. Tanto los filósofos del Islam como los cristianos que tuvieron éxito no sólo editorial sino también en lo sustantivo de su propuestas teoréticas en el Medioevo fue gracias a su saber, comprensión y habilidad sobre las ideas, conceptos y doctrinas del pensamiento griego y helenístico, los cuales utilizaron eficazmente para explicar de manera “racional” la verdad revelada y para que ello sirviera de soporte al pensamiento dogmático o razonamiento religioso basado en la fe.

Otro aspecto que me gustó de Boecio y La consolación de la filosofía fue la calidad literaria de la obra. La evocación poética, la narración y la utilización del diálogo como técnica fue un grato descubrimiento de fruición literaria.

Por último, creo que la idea de la Providencia y el Hado, como destino por una parte y acción concreta del hombre por la otra, puede retomarse para observar por medio de analogías lo que hoy significa en la sociedad contemporánea las fuerzas hegemónicas que predestinan nuestras acciones cotidianas y cómo puede el ser humano, a través del cultivo de la razón, el libre albedrío y el ejercicio responsable de su libertad, puede contrarrestar de alguna forma esa determinación impuesta, ya no por una Providencia Divina, sino por interesadas fuerzas económicas, políticas y sociales que actúan a través de mecanismos propios de nuestra época como los medios de comunicación, la moda y el marketing político.

V. Bibliografía

TEXTOS:

ABBAGNANO, N. (1960). Diccionario de Filosofía. México: Fondo de Cultura Económica, 2010

BOECIO. La consolación de la filosofía. Madrid: Ediciones ibéricas, 2010

CASTAÑO PIÑAN, A. (1955). Prólogo y notas a La Consolación de la Filosofía. Buenos Aires: Editorial Aguilar Argentina S.A., 1964

FORMENT, E. (2004). Historia de la filosofía. II. Filosofía medieval. Madrid: Ediciones Palabra

GILSON, E. (1979). El espíritu de la filosofía medieval. Madrid: Ediciones RIALP, 2009

GOÑI, C. (2010). Breve historia de la filosofía. Madrid: Ediciones Palabra

GOÑI, C. (2002). Historia de la filosofía. I. Filosofía antigua. Madrid: Ediciones Palabra

HIRSCHBERGER, J. (1961). Breve historia de la filosofía. Barcelona: Herder, 1998

LAW, S. (2007). Filosofía. Buenos Aires: Editorial El Ateneo, 2008

MÜLLER, M. y Alois Halder (1976). Breve diccionario de filosofía. Barcelona: Herder, 2001

REALE, G. y Darío Antíseri (2010). Historia de la filosofía. 2. Patrística y escolástica. Bogotá: Ediciones San Pablo

SOTO POSADAS, G. (2007). Filosofía medieval. Bogotá: Ediciones San Pablo

PAGINAS WEB:

BIOGRAFIA Y VIDAS. De la consolación de la filosofía
Consultada el lunes 28 de mayo de 2012