domingo, 14 de junio de 2009

Cortázar apoyaría la actual revolución latinoamericana


Escrito por Antonio Núñez Aldazoro y publicado en la Revista A plena voz del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela (edición Nº 51/52. Junio de 2009)

---------------------------------------------------

Hay un momento en la biografía de todo intelectual auténtico, verdadero, en el que cada una de sus palabras es tomada como testamento. Cuando el escritor cubano Roberto Fernández Retamar acudió a nuestro país en días pasados para recibir el Premio Alba a las Letras 2009 de manos del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, sus declaraciones tenían un sabor a documento vital.


En el contexto de la entrega del Premio, el cual compartió en la categoría Artes con el cineasta boliviano Jorge
Sanjinés, el presidente de Casa de las Américas disertó sobre la importancia del galardón, así como la trascendencia del proceso de integración regional que está experimentando América latina. Sin embargo, flotaba a su alrededor temas trascendentales como su legado personal y el recuerdo de su amistad con el escritor argentino Julio Cortázar.

-¿Cómo ve a usted a Fernández Retamar en los próximos años?


-Debo comenzar por recordarle que tengo 79 años y eso es mucho tiempo. Y mi porvenir real es necesariamente breve. Sin embargo, en relación a Casa de las Américas veo con mucho optimismo el porvenir de la institución, la cual cuenta con trabajadoras y trabajadores de altísimo nivel, muchos de ellos jóvenes, por lo que veo un futuro en el que físicamente no voy a estar pero en el que la obra de quienes trabajaron durante décadas va a ser continuada y enriquecida. Martí dijo memorablemente que los niños son la esperanza del mundo y, claro, los viejos no podemos ser la esperanza del mundo, pero es hermoso saber que uno va a desaparecer de la faz de la tierra y que aquello por lo que uno luchó, peleó y trabajó, va a continuar e incluso va a enriquecerse.


El ensayista y poeta mira fijamente el grabador que yace inerte sobre la mesa y agrega: “Yo veo con tristeza que el Che Guevara, Haydee Santamaría y Julio Cortázar no hayan podido vivir este momento auroral de nuestra América, pero seres como ellos hicieron posible que este momento llegará finalmente. Nuestra América se está levantando, está despertando, y la revolución bolivariana es una muestra de ello”.


Por ello, no duda en afirmar que si Julio Cortázar viviera actualmente apoyaría los movimientos revolucionarios que se están dando en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, entre otros países.


Cortázar revolucionario


Fernández Retamar sigue respondiendo pausadamente a cada una de las preguntas referidas al Premio ALBA y a la integración latinoamericana. Sin embargo, sus ojos se iluminan y su cuerpo cambia de postura cuando se le solicita recordar su amistad con el escritor Julio Cortázar.


“Julio fue una de las personas más maravillosas que tuve la dicha de conocer. Nos encontramos personalmente cuando él fue la primera vez a Cuba en el año 1963. Había leído un libro hermoso, cálido, generoso de Waldo Frank sobre Cuba* publicado en Buenos Aires a principios de los años 60. Según me contó Julio, él leyó el libro, se entusiasmó mucho y aceptó una invitación que le hizo la Casa de las Américas para que visitará La Habana como miembro del jurado del premio y, a partir de ese momento, y durante los 20 años que mediaron entre ese instante y su muerte, Julio estuvo profundamente vinculado a Cuba”.


El escritor cubano describe a Cortázar como “un intelectual con una sensibilidad de golondrina desollada y, al mismo tiempo, de una generosidad caudalosa”.


-¿Por qué?


-Fíjate que siendo un hombre tan famoso, tan valioso; sin embargo, en relación a Casa de las Américas, le encomendamos tareas tan humildes como distribuir revistas en todo el mundo, lo cual asumía con la emoción de un muchacho.


-Cortázar siempre dijo que la revolución cubana había cambiado su vida


-Efectivamente. La revolución cubana fue para él el encuentro con otra parte de su propio ser. Estaba colmado de arte, de literatura, y la revolución lo enriqueció con una preocupación social y política. Antes de su encuentro con la revolución cubana, Julio no había tenido mayores inquietudes políticas. Hay que tener en cuenta que eso es más notable pues él era un escritor particularmente refinado y erudito. Cuando se es Cortázar, desde el punto de vista literario, y además se tiene el valor de ser otro Cortázar, en el orden sociopolítico y de compromiso revolucionario, ése es una de las felicidades de la tierra. Y recuerdo, en este orden de ideas, como el gran poeta y sacerdote Ernesto Cardenal también fue a Cuba en 1970 invitado por Casa de las Américas e igualmente comenta que ésa fue su segunda conversión. La primera fue la iglesia que lo llevó a ser sacerdote y la segunda la revolución cubana que lo llevó a ser un revolucionario.


Agrega que intelectuales como Cortázar y Cardenal, así como Roque Dalton, Mario Benedetti, Jorge Sanjinés y otros tantos escritores y artistas, al acercarse a procesos revolucionarios, cambiaron radicalmente su visión del mundo pero manteniendo un equilibrio entre la calidad estética y la dignidad socio-política.


-¿A qué se debe la vigencia de la literatura de Julio Cortázar?


-Naturalmente a la indiscutible calidad de su obra y también a la fértil irreverencia de Cortázar. Yo recuerdo la primera vez que leí Rayuela el enorme impacto que causó en mí. Tanto que hice algo que no acostumbro. Yo sólo escribo cartas para responder las que recibo y esa vez sólo había recibido por correo un ejemplar de Rayuela y me sorprendió tanto que le escribí una extensa carta a Julio, la cual me contestó con una carta muy hermosa. Además, Cortázar era gloria para los jóvenes, lo cual sigue ocurriendo con las nuevas generaciones que siguen viéndose representados en su obra.


-¿Qué recuerdo personal, íntimo y cercano tiene de Cortázar?


-Yo le voy a contar algo que tiene que ver mucho con lo que Julio representa. Como usted sabe, Casa de las Américas fue fundada por una heroína de la revolución cubana, Haydee Santamaría, y ella no terminó la escuela primaria y su formación académica formal era muy escasa. Pero indiscutiblemente era un genio, tenía un poder de amor por la justicia y una sensibilidad artística a flor de piel. Y Cortázar, que era un intelectual muy refinado, exquisito, que conocía y manejaba perfectamente varias lenguas, cuando se encontraba con Haydee en algunas ocasiones, y yo tuve privilegio de estar presente, él se quedaba silencioso oyendo a aquella mujer de pueblo hablando como si fuera una pitonisa. El que era el dueño de todas las palabras lo que hacía era escuchar maravillado en silencio a esa mujer maravillosa, pues a través de ella hablaba todo nuestro pueblo, toda nuestra América.

* Se trata de Cuba, isla profética