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sábado, 23 de mayo de 2009

Cerveza tibia, Benedetti y Julio David

La música suena, un libro espera, los niños ríen, la cerveza se calienta. Todos son detalles que revelan el paso del tiempo; el tiempo que me toca experimentar en este momento para adentrarme melancólicamente en mis cavilaciones, en mis mentiras, en mis verdades. La cotidianidad se disfraza de "momento mágico" y veo en un tramo de la biblioteca de la sala los lomos de algunos poemarios de Benedetti. Entonces, me percato de que ni siquiera me afectó como me tenía que afectar su muerte. Doy un sorbo a la botella de cerveza tibia y pienso en un solo libro de él: Crítica cómplice. Y pienso que la complicidad es lo único que nos salva de la tediosa vivencia de vivir... Benedetti se fue siendo cómplice de todos nosotros... De todos quienes sabemos que la literatura es importante (esta última frase me la acaba de regalar Julio David, quien está detrás de mí mientras escribo. Uno de mis más fieles cómplices...)...

domingo, 3 de agosto de 2008

Crítica cómplice según yo


Crítica cómplice. Así tituló Alianza Editorial el libro que recopila todas las críticas y reseñas literarias que escribió por años Mario Benedetti en diversos diarios de América Latina y España. Le llamó así para disculparse de que a fin de cuentas las "críticas" no eran tan críticas y la "reseñas" no buscaban otra cosa sino celebrar la aparición de un título importante o la fruición que sintió al leer algún texto de un amigo o colega admirado.

Así haré lo que pretendo comenzar aquí en el blog. Una crítica cómplice, cercana, sin posturas, sincera y desestresada de lo que esté leyendo en este momento.

No esperaré a terminar un libro, estudiar al autor, revisar la bibliografía sobre él (o ella ... qué machista), hacer fichas, llamar a un amigo, buscar las críticas precedentes y ensayar varios borradores antes de una versión final. Esto es un blog y se supone informal. Por lo tanto, describiré simplemente lo que ocurrió durante o después de la lectura.

Intentaré "mostrar" lo que me "hizo" la lectura del libro. Apelaré únicamente a mi experiencia previa (por eso no revisaré fuentes distintas al sentimiento y a la complicidad). Pura intuición.

¿Por qué hago esto? Porque he leído libros últimamente que me han impactado y enseñado, pero no he escrito sobre ellos precisamente por el estrés de querer hacer algo "especial". ¡Especial, la mierda!, diría Pedro Juan Gutiérrez, uno de los escritores que leo en este momento.

He dejado de "reseñar" (en complicidad) libros excelentes, impactantes y transformadores de Bolaño, Cercas o Vila-Matas, esperando no sé qué...

Es hora de soltar la corbata, sorber un poco de elixir demoníaco y no pararle bolas a nada. Escribir, como dice mi pana Eloi, escribir.

Bueno, iba a empezar ahora, pero como dice nuestro querido Bartebly: "Prefiero no hacerlo". Empiezo mejor mañana... Si me acuerdo.

lunes, 14 de abril de 2008

Un tributo a Bolaño en Blip.tv

No sólo existe youtube.com. Hay otros que también brindan sorpresas. Este me regaló un tributo hecho a Roberto Bolaño con textos de Perros Románticos...

jueves, 20 de marzo de 2008

Roberto Bolaño dejó algunos consejos para hacer cuentos


Esto lo escribió Roberto Bolaño para el Diario «El País» de Uruguay en noviembre de 2001 y luego fue editado en su libro de artículos, ensayos y discursos Entre paréntesis (Anagrama, 2005).

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos...

1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4) Hay que leer a Quiroga, a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautíer, ni de Nerval!

8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11) Libros y autores altamente recomendables: De lo Sublime del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares de Vila-Matas.

12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

lunes, 10 de marzo de 2008

¿Por qué escribe Vila-Matas?

La lectura febril del último libro de Enrique Vila-Matas, "Exploradores del abismo" (Anagrama, 2007), hizo que me tropezara felizmente con este video en youtube.com, en el que el escritor español explica porqué escribe...



Nota: "Exploradores del abismo" constituye el regreso de Vila-Matas al cuento, por lo que luego de la lectura se hace imprescindible un post especial sobre el texto...

jueves, 6 de marzo de 2008

Diálogos 6-3-2008


-¿Dónde está la poesía?

-¡Ja! Esa es una tonta pregunta de canción de amor. De ésas pop de los 80.

-Repito: ¿Dónde está la poesía?

-Ah, ¿es un reto?

-Tómalo como quieras.

-Bueno, ¿qué te parece esto? Para mí la poesía está donde menos te lo esperas.

-¿Cómo es eso?

-En el aliento enfermo de una anciana, en la mugre acumulada en la cara de un niño de la calle, en el llanto callado de alguien que rechaza una muerte inminente, en el temblor de una mano inquieta por tomar algo que desconoce, en la oscuridad de la habitación de una niña temerosa, en el rimel regado en la mejilla de una prostituta, en la suciedad de un piso de hospital maloliente, en la sorpresa de quien se sabe descubierto, en el silencio de un instrumento musical que ya su dueño no toca, en las páginas de un libro que nadie leerá jamás, en el resplandor de un botella de licor que yace vacía en el piso, en estas palabras (para algunos estúpidas) que no llegarán a ninguna parte y que, luego de despedirnos, ambos olvidaremos, porque hay que tomar un taxi, pagar el alquiler, comprar un kilo de carne molida, pelear con la conserje, simular un saludo cordial o, peor aún, disfrazar nuestro llanto eterno con una carcajada.

-Maldito.

miércoles, 5 de marzo de 2008

"Estrella Distante" de Roberto Bolaño y Venezuela 2008: Pura Casualidad

Como siempre, bendigo que exista Internet para que los amantes de la literatura podamos armanos de instrumentos de navegación (las ganas y el insomnio sobre todo) y logremos sumergirnos en un océano que no termina de sorprendernos.

De madrugada, cuando la vigilia vence al sueño (¿será un lugar común?) me he topado con este interesante documento. Buscaba, como siempre todas estas noches, rastros de Roberto Bolaño.

Fotos, cuentos, poemas, comentarios, estaban anotados como tareas en mi libreta para ser cumplidas. Nunca se me ocurrió encontrar un microdocumental que me enseñara la relación que puede existir entre la literatura, Roberto Bolaño, los golpes de Estado en América Latina, el esquema neoliberal de liberación de precios y el engaño que se le hace (y se le hizo en Chile) a un pueblo con falsas promesas que terminan siendo una total desgracia.

La primera medida económica de la dictadura de Pinocho, luego del derrocamiento de Allende, fue la liberación de precios; algo que entusiasma bastante a algunos aquí en Venezuela, hoy en 2008. Y con la satánica finalidad de presionar para que se tome esa terrible medida de corte puramente neoliberal, han desplegado una serie de estrategias como el acaparamiento, la escasez y la especulación, tratando de aprovechar además la culpabilidad que se le atañe al gobierno por esta situación.

Fíjense entonces la relación: acaparamiento-escasez-especulación-golpe de Estado-liberación de precios-represión-muerte...

Pero, bueno. Dejemos que sea este micro lo que nos enseñe la lección...



Nota: El libro Estrella Distante está publicado por Anagrama. Aún se consiguen algunos ejemplares en VDL Books, aunque encontrar un libro de Bolaño en Venezuela es más difícil que no sé... Dígalo usted... Ah, pero gracias a Monte Ávila Editores se puede comprar por casi nada Detectives Salvajes... Corra que se acaban...

domingo, 2 de marzo de 2008

¿Desde cuándo no nos tomamos un café?


¿Desde cuándo no nos tomamos un café? Esta pregunta se la hice a un colega profesor y mientras él buscaba en su interior la última vez que apresurados nos tomamos un "con leche" antes de entrar a clases o salir corriendo a otra cosa, le dije: "No, Carlos, nunca nos hemos tomado un café. Una que otra vez hemos tomado juntos ese líquido milenario, pero no nos hemos sentado nunca a hablar, a conversar, con la calma y el sosiego que requiere tomarse un café. Siempre estamos apurados, siempre nos están esperando en algún sitio, estamos llegando tarde, no conseguiremos puesto de estacionamiento o nos cerrarán no sé que sitio y no podremos hacer lo que íbamos a hacer. Mi pana, jamás me he tomado un café contigo".

Esto suena a esquizofrenia urbana pero es verdad. Y más que verdadero, cierto, es patético. Sobre todo porque conozco a Carlos desde hace casi diez años, es un tipo que admiro y con quien estoy seguro que tengo tantas cosas de qué hablar como angustias intelectuales cunden en mi vida.

Y como Carlos, pienso en tantas amistades que por mi mismísima culpa y por la vertiginosidad de la vida cotidiana de esta ciudad, no comparto con ellos un café.

A estas alturas debo confesar que no me gusta el café. Pero el avezado no racional debe haber captado desde la primera línea que no se trata del café. Se trata del ritual del diálogo. Me refiero al zambullirse sin reservas en una conversa sin la incertidumbre permamente que provoca el pensar que en otro sitio algo o alguien requiere de ti, de tus huesos, de tus palabras.

Tomar café con un pana, con una persona agradable, a quien le debes tanto verbo como amistad, me lleva a otras preguntas: ¿Desde cuando no caminas por la ciudad? ¿No te acercas a ver detenidamente el polvo entre las ranuras de la acera, los carteles de las paredes, los avisos inimaginables que cuelgan en los postes? ¿Desde cuando no redescubres una calle que cruzaste cuando niño?

El carro, el vehículo, el automóvil, las "cuatro ruedas", nos han alejado de la ciudad y, lo peor, tal vez la ciudad se ha olvidado de nosotros y ni siquiera nos hemos dado cuenta de tamaña desgracia.

Por esta razón, he tomado desde hace unas semanas una decisión trascendental: no manejo. He dejado el carro para diligencias inevitables y para los fines de semana. He redescubierto el Metro y el placer de esperar el Metrobús. Me percaté también de cuán cerca está la parada de transporte de mi casa y cuántos minutos tardo caminando de un punto a otro. Además de la ganancia evidente en el ejercicio físico, el rédito más celebrado es la lectura. He vuelto a experimentar la sensación de leer en el Metro; algo que había olvidado pero que de alguna forma aún vivía en mí y que esperaba una resurrección, una vuelta. He maldecido las horas que he pasado en colas infernales, las veces que me he amargado por no encontrar puesto de estacionamiento, sin contar los choques, los sustos y otros desesperos. Me ha dado muchísimo gusto sorprenderme dos paradas después de la mía gracias a un pasaje hipnótico de un cuento de Murakami que no podía suspenderse. Y he respirado satisfecho la culminación de una página en medio de una muchedumbre que, como yo, espera o se traslada.

En fin, he vuelto. He resuelto tomar café, caminar por Caracas, tomar el Metro y leer, leer mucho. Ojalá que esta resolución dure tanto como la felicidad que experimento cada día desde hace un par de semanas.

Eso espero.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Cortázar lee El Perseguidor

YouTube.com nos permite entrar en el universo, explotar en la música, flotar en la oscuridad, soñar despierto en la literatura (ahora multimedia)...
¡Qué casualidad! Me he topado con mi fragmento favorito de El Perseguidor leído por el propio Cortázar y con el saxo de Johnny Carter, perdón, Charlie Parker, como telón de fondo.
¿Qué más se puede pedir?
En esto estoy ahora, no en otra cosa...

jueves, 30 de agosto de 2007

Roberto Bolaño habla del rostro del lector


El escritor venezolano Eloi Yagüe (amigo y colega) dedica su última novela (Si amas debes partir. Planeta, 2006) a la memoria del poeta y narrador chileno Roberto Bolaño (1953-2003), cuestión que obliga a algunos a emprender la postergada lectura de la novela 2666 (Anagrama, 2004) y el libro de crítica Entre paréntesis (Anagrama, 2004), así como otros textos de la ahora "leyenda" de la literatura latinoamericana (tal como lo acuñó el español Vila-Matas después de la muerte del chileno).

La lectura no se limita a "libros" y YouTube.com se abre como un sendero obligado en el largo y rico camino de reencuentro con quien ganara con su laureada novela Detectives Salvajes (Anagrama, 1998) no sólo el premio Rómulo Gallegos y el Herralde de España, sino también el cariño, la simpatía cómplice y la admiración de los lectores de nuestra lengua.

Aquí les presentó un fragmento de una entrevista que concedió Bolaño antes de su muerte al programa Perfiles de Radio Francia Internacional y en el que reflexiona sobre "el rostro del lector".

lunes, 25 de junio de 2007

Matar a un fantasma (Cuento)


Nuevo ejercicio literario...

Matar a un fantasma

La figura al final del callejón hizo que una vez más su corazón comenzara a latir con fuerza. Una emoción incontrolable invadió todo su cuerpo y, como la última vez, se dio a la tarea de planificar meticulosamente cómo eliminar de una vez por todas ese fantasma que se le aparecía en todos lugares, a todas las horas. Antes, esa imagen espectral se presentaba esporádicamente. Sin embargo, desde hace no pocos días comenzó a exponerse más seguido. En la universidad, en el liceo, en el Metro y en los oscuros vericuetos de su barrio. En todas partes esa enigmática silueta irrumpía en el escenario haciendo cada vez más incómoda la existencia de Gustavo.

No habría problema si la figura fuese difusa, inhumana, etérea, indefinida. Si fuese así hubiese sido fácil atribuirla al agotamiento, al trajín, a lo vertiginoso de su vida. Policía, profesor de liceo nocturno y aspirante a abogado son demasiadas tareas al mismo tiempo. También habría podido atribuir esa extraña situación al alcohol y a las drogas, elementos que esporádicamente se aparecían para irrumpir su cotidianidad y aliviar sus cansancios.

Pero la figura era clara, incluso perfecta. Y lo peor, tenía forma de mujer. Incluso podía definir una sonrisa malévola en su rostro, unos ojos ligeramente achinados y un pelo negrísimo y sedoso. Su cuerpo era pequeño, pero su volumen y sus formas lo hacían atractivo. En definitiva, era hermosa.

Cuando tenía oportunidad, Gustavo se empeñaba en describirla, descifrarla, en tratar de llegar más allá de lo poco que le permitía ver su cansancio, su inquietud, su emoción. Esa mezcla de sentimientos que estallaban cada vez que la veía. Sin embargo, esa noche decidió eliminarla por completo, se convenció de que debía enfrentarla para que desapareciera para siempre de su vista. Algo así como aquella película de terror en la que los personajes de pesadilla desaparecen sólo si uno los encara y les demuestra no tener miedo.

Sintió el frío de su revólver entre la camisa y la chaqueta, pero entendió que era inútil eliminar un fantasma con un arma de fuego. “Qué estúpido”, se increpó a sí mismo, mientras pensaba atribulado, con la boca seca y las manos algo temblorosas. De repente, vio cómo la figura se movía rápidamente entre los muros que hacen aún más claustrofóbica la entrada del barrio.

En ese instante experimentó la sensación de no ser la presa acorralada sino el cazador furtivo. Sintió vértigo y náuseas al percatarse de que era él quien perseguía y no quien lamentaba algún tipo de acoso. Entonces decidió apurar el paso y enfrentar a aquel espíritu perturbador que no lo dejaba vivir.

Transcurridos unos pocos segundos se hallaba frente a frente con esa imagen, la cual ya no era espectral. Esta vez pudo detallar sus ojos, sus labios, incluso tocar su pelo, pues como una reacción incontrolable, como un acto reflejo, sin pensarlo mucho, Gustavo llevó sus manos al cuello de ella y comenzó a apretar con todas sus fuerzas, con todo su odio. Sintió como de manera asombrosa el fantasma asumía increíblemente un volumen y una densidad física similar a la de un cuerpo humano común y corriente. Se sorprendió al escuchar que gemía como una persona y que exhalaba aire dificultosamente, como una mujer que se le escapaba la vida a causa de algún tipo de asfixia mecánica. Se asombró aún más cuando sintió que la mujer ahora se desvanecía entre sus manos, pero no para desaparecer sino para deslizarse lentamente hasta caer inerte y pesada sobre el piso sucio y húmedo del callejón.

Gustavo emprendió una carrera azarosa hasta su casa y trató inútilmente de dormir. Mientras, en la calle, se escuchaban carros a alta velocidad y ruidosas sirenas de emergencia.

Dos semanas después en la prensa nacional podía leerse una extraña crónica de sucesos sobre el caso del asesinato por estrangulamiento que cometió un agente policial, de nombre Gustavo Vargas Alfonzo, en la persona de la ciudadana Collette González Rodríguez. Según conocidos de la víctima, el presunto asesino acosó por meses a la hoy occisa, quien coincidencialmente además de vivir en el mismo barrio que su victimario, cursaba con este último estudios de derecho en Universidad Santa Cecilia de Caracas y ambos colaboraban como docentes suplentes en el Liceo Hernando Carlos Amézquita de la parroquia Santa Fe. Contra toda lógica y a pesar de su larga experiencia policial, Vargas decidió quitarle la vida a González en las cercanías de su residencia y a pocos metros de la vivienda de la víctima, lo cual ha confundido aún más a los investigadores.

sábado, 16 de junio de 2007

El tren y la fábrica (Cuento)


Este texto es el primer ejercicio del taller literario de Fuentetaja...

El tren y la fábrica

Él creía ingenuamente que el balanceo sostenido y rítmico del tren, en cierta forma, lo ayudaría a conciliar el sueño. Sin embargo, el ruido que salía de la locomotora le inquietaba. Aunque intentaba distraerse con otros pensamientos, el martilleo le hacía recordar el golpeteo incesante de la fábrica. Con cierta ironía pensó: “Me voy de esa mierda, lejos, huyendo de esa pesadilla y ese maldito sonido me persigue”. Como una música evocativa, el rumor acompasado del ferrocarril le traía a la mente las razones de su escape. Alí Segundo no soportaba las injusticias de sus patronos o, mejor dicho, sus torpezas. La compañía a la cual pertenecía desde hacía 43 años y medio aguantaba sin éxito los embates de los cambios provocados por la venta de la empresa a una transnacional. Además, la moderna y ruidosa maquinaria instalada en la línea de producción no agradaba a los empleados más antiguos. Pero esa mañana el disgusto se convirtió en odio y el resentimiento en violencia.

De pronto, el silbido de la locomotora le sacó del ensueño. Buscó en los bolsillos de su raída chaqueta algún cigarrillo y no encontró nada, salvo un pañuelo blanco, el cual contrastaba con lo sucio de sus manos. Rastros de grasa industrial y sangre se mezclaban creando una suerte de mugre que ocultaba cualquiera sospecha, cualquier pista inequívoca de porqué huía. Intentó limpiar el vidrio que lo separaba de una realidad que desconocía, pero el aceite quemado que permanecía tercamente entre sus dedos ensuciaba más la ventana. De algo sirvió, pues la repentina ausencia de su reflejo ahora no le mostraba el monstruo en el que se había convertido. Ayer era un obrero con ideas progresistas, luego un obstinado incontrolable y temeroso; y hoy, sin quererlo, un fugitivo víctima del rencor y la locura.

Sintió la boca seca y sus ganas de fumar se hacían cada vez mayores. Pensó en ir al coche restaurante, pero de repente sintió miedo. Tal vez ya habían avisado a las autoridades. Ya era de noche, pero existía la posibilidad de que alguien consiguiera el cuerpo de su jefe donde lo había dejado. Decidió aguantar sus apetencias e intentó dormir una vez más.

Alí se vio a sí mismo sentado en la sala de su casa. Su ropa estaba limpia y planchada. Buscó sus manos y contempló su inmaculada limpieza. Su esposa traía un plato humeante de sopa, ésa que tanto le gusta. El ambiente se volvió apacible y súbitamente la sonrisa anciana de su mujer le arrancó un gemido que en realidad buscaba ocultar un sollozo. Un llanto ahogado que hacía más contrastante esa calidez de hogar y la realidad fría e insoportable que se vivía los últimos meses en la fábrica. Comenzó a gritar de dolor y se percató de que todo era un sueño. Por fin había dormido un rato, pero de nada sirvió. Su ropa estaba sucia, arrugada, y sus manos le recordaban el abominable hecho que había cometido esa mañana.

Y otra vez estaba allí ese ruido, ese balanceo.

Esta vez el compás, el sonido y el movimiento del tren se hicieron insoportables. Cerró los ojos con fuerza pero no pudo alejar de su cabeza la imagen de su jefe perdiéndose entre los engranajes de la nueva máquina industrial que amenazaba su seguridad laboral y que constreñía su felicidad. Inútilmente intentó tapar sus oídos pero siguió escuchando claramente los gritos de dolor de su patrón mezclados con el martilleo escandaloso de la locomotora.

Repentinamente el ritmo fue disminuyendo poco a poco y el sonido fue haciéndose cada vez más tenue. Amanecía y la luz de la mañana se colaba tímidamente por todo el vagón. El tren entraba a la estación, el ruido ya no estaba y el balanceo se había apagado. Alí vio a través de la ventana empañada a su mujer llorando con sus manos temblorosas en el rostro. Esta vez no era una visión. Ella acompañaba a los oficiales para el consabido reconocimiento del prófugo asesino.